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HÁBITOS DE VIDA Y PREVENCIÓN DEL DETERIORO COGNITIVO: RESULTADOS
DE UNA ENCUESTA COMUNITARIA
| Por Sofía Trojanowski,
Karina Zabala, Miriam Del Rio, Néstor Vázquez y Edith
Labos |
EEl aumento de la expectativa de vida trae consigo un
crecimiento sostenido de las enfermedades neurodegenerativas,
entre ellas las demencias. En este contexto, comprender cómo la
población adulta incorpora hábitos vinculados a la salud
cerebral resulta clave para diseñar estrategias de prevención.
Este trabajo presenta los resultados de una encuesta
administrada a 1.100 personas de entre 25 y 86 años, cuyo
objetivo fue describir conductas y estilos de vida asociados a
cinco ejes preventivos: actividad física, alimentación, calidad
del sueño, interacción social y actividad cognitiva.
Los hallazgos muestran una población con altos niveles de
participación social y cognitiva, pero con áreas vulnerables en
relación con la dieta, el descanso y la intensidad de la
actividad física.
Se identificaron asociaciones significativas entre la práctica
de ejercicio y la sensación de descanso al despertar, así como
entre una dieta saludable y mejor calidad de sueño. Estos
resultados sugieren oportunidades concretas para orientar
acciones de promoción de la salud cerebral en distintos grupos
etarios.
INTRODUCCIÓN
El envejecimiento poblacional plantea uno de los principales
desafíos sanitarios de las próximas décadas. Aunque múltiples
factores biológicos y contextuales influyen en el riesgo de
desarrollar demencia, existe consenso en que ciertos hábitos
modificables pueden contribuir a preservar la función cognitiva
a lo largo de la vida. Entre ellos se destacan la actividad
física, la alimentación saludable, un sueño adecuado, la
interacción social y la actividad cognitiva regular.
Si bien estos ejes han sido ampliamente estudiados, es menos
frecuente contar con datos locales que describan cómo estas
prácticas se manifiestan en la población general. Con este
propósito, se aplicó una encuesta destinada a relevar hábitos
cotidianos vinculados a la salud cerebral en adultos argentinos
de diversas edades.
MATERIALES Y MÉTODOS
Participaron 1.100 personas (825 mujeres y 275 varones), de 25 a
86 años. Para garantizar un funcionamiento cognitivo típico, se
aplicaron pruebas breves de memoria, evaluación de actividades
de la vida diaria y el Mini-Mental State Examination (MMSE) como
criterios de inclusión.
Para el análisis se segmentó la muestra según la edad en 3
grupos: adultos jóvenes 25 a 44 años (54%), adultos mayores 45 a
74 años (43%) y mayores de 75 años (3%).
La encuesta -de elaboración propia y administrada
presencialmente entre 2022 y 2023 en la Ciudad de Buenos Aires-
abarcó cinco ejes: actividad física, hábitos alimentarios,
calidad del sueño, interacción social y actividad cognitiva. Las
respuestas fueron analizadas con estadísticas descriptivas y
pruebas de asociación para variables categóricas (chi-cuadrado y
Fisher).
RESULTADOS
1.- Actividad física
El 68.7% realiza actividad física regularmente, aunque la mitad
lo hace con intensidad baja. (Figura 1). Se observó una
asociación significativa entre realizar ejercicio y sentirse más
descansado al despertar (p < .001). (Tabla 1). No se hallaron
diferencias por edad.
Figura 1 : Actividad física según intensidad

Tabla 1: Actividad física y sensación de descanso
/cansancio al despertar
Si AF
No AF
Sig.
Muy descansado
290 (38,30% )
80 (21,20%)
<.001
Algo somnoliento
440 (58,23%)
237 (68,82%)
No descansó
26 (3,47%)
27 (7,98%)
AF: Actividad física
2.- Alimentación
Aunque el 62.3% considera que sigue una dieta saludable, los
hábitos declarados muestran frecuentes consumos de alimentos
poco beneficiosos para la salud cerebral: carnes rojas: 53.6%
más de 2 veces/semana, golosinas y snacks: 55.7% hasta 2
veces/semana, comida rápida: 51.8% hasta 2 veces/semana. (Figura
2)
Solo el 48% consume suficiente agua. Un 20% no consume agua. El
36% refiere sobrepeso. Se encontró una fuerte asociación entre
una dieta saludable y mayor sensación de descanso (p < .001).
(Tabla 2)
Figura 2: Dieta saludable

Tabla 2: Asociación entre la dieta saludable y
descanso/cansancio al despertar
Si DS
No DS
Muy descansado
288 (70,29%)
81 (11,77%)
Algo somnoliento
113 (27,48%) 564
(71,78%)
No descansó
9 (2,24%)
45 (6,45%)
DS: Dieta Saludable
3.- Sueño
El 61% se siente somnoliento al despertar y solo 34% se
considera bien descansado. (Figura 3). El 30% duerme siesta y
37.7% refiere despertares nocturnos con dificultad para volver a
dormirse. El uso de medicación para dormir aumenta
significativamente con la edad, llegando al 41.6% en mayores de
75 años ( Tabla 3).
Figura 3: Descanso al despertar

Tabla 3: Asociación entre medicación para dormir y edad
25-44 años
45-74 años
+75 años
Sig.
Toma medicación
4 (0,66%)
47 (9,86%)
13 (41,66%)
< .001
No toma medicación
565 (95,56%)
393 (82,19%)
10 (33,33%)
Toma ocasionalmente
22 (3,77%)
38 (7,94%)
8 (25%)
4.- Interacción social
Los niveles de sociabilidad fueron muy altos: el 85.4% participa
en actividades sociales, el 83.8% se reúne semanalmente con
familia o amigos y el 97.6% utiliza redes sociales.
Estas conductas se consideran factores protectores asociados a
mayor reserva cognitiva.
5.- Actividad cognitiva
El 76.3% realiza actividades de lectura y el 40.7% asiste a
eventos culturales al menos una vez al mes.
El 81% dispone de más de una hora de tiempo libre para
actividades cognitivas.
6.- Actividad laboral
El 45.5% trabaja tiempo completo y 35.6%, tiempo parcial. Entre
los mayores de 75, un tercio continúa con actividad laboral
parcial. (Figura 4)
Figura 4: Asociación entre trabajo y edad

DISCUSIÓN
Los resultados permiten trazar un panorama del estilo de vida de
adultos urbanos y su potencial impacto en la salud cerebral. En
términos positivos, se observan altos niveles de interacción
social y participación cognitiva, factores reconocidos por su
rol en la estimulación de redes cerebrales y la construcción de
reserva cognitiva.
Sin embargo, se identifican tres áreas vulnerables:
1. Actividad física insuficiente: aunque la mayoría realiza
ejercicio, gran parte lo hace con intensidad baja, por debajo de
lo recomendado para efectos neuroprotectores.
2. Dieta no óptima: la autopercepción de alimentación saludable
no coincide con la frecuencia real de consumo de alimentos
proinflamatorios o asociados a riesgo cardiovascular.
3. Calidad del sueño: un tercio de los participantes refiere no
descansar adecuadamente y el uso de medicación aumenta con la
edad, lo que puede relacionarse con impacto cognitivo a largo
plazo.
La presencia de estas conductas sugiere una exposición potencial
a factores como hipertensión, obesidad, estrés oxidativo y
dislipidemia, que podrían aumentar el riesgo de deterioro
cognitivo en el futuro.
Por otro lado, la alta participación social y cognitiva
constituye un aspecto protector, especialmente relevante en
población adulta joven, donde puede contribuir al desarrollo
temprano de reserva cognitiva.
CONCLUSIONES
Los resultados destacan la importancia de promover hábitos de
vida más saludables, especialmente en torno a la alimentación,
el sueño y la actividad física. Estos ejes deberían abordarse
mediante campañas de educación para la salud, intervenciones
comunitarias y recomendaciones personalizadas para distintos
grupos etarios.
El estudio muestra que la población encuestada dispone de
hábitos protectores valiosos, como la lectura, la participación
cultural y los vínculos sociales activos, pero también revela
comportamientos que podrían corregirse para reducir riesgos
futuros.
Finalmente, los datos sirven como base para futuras líneas de
trabajo que incluyan intervenciones de promoción de la salud
cerebral, evaluaciones longitudinales y la incorporación de
marcadores cognitivos más específicos.
| (*) Área de Docencia e
Investigación en el Adulto. Instituto de Salud Pública y
Medicina Preventiva. UBA |
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