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Evaluar el estado
sanitario de un país exige series temporales, comparación
regional y desagregación territorial. Argentina, exhibe una
trayectoria que combina logros estructurales de largo plazo con
estancamiento relativo frente a sus pares regionales y, más
recientemente, señales inequívocas de reversión en indicadores
trazadores críticos.
2024 trajo una clara señal de alarma epidemiológica. Tras
alcanzar en 2023 el nivel más bajo de su historia, la TMI
aumentó de 8,0 a 8,5 por cada 1.000 nacidos vivos. La mortalidad
neonatal siguió la misma dirección, y la razón de mortalidad
materna creció 1,2 puntos. Sólo 9 de las 24 jurisdicciones
lograron sostener la tendencia descendente; en 15 se registró
aumento, superando el 10 % en cuatro de ellas y el 20% en otras
cuatro. La distribución federal del fenómeno descarta
explicaciones localizadas.
Este quiebre ocurre en el primer año de una contracción
presupuestaria sin precedentes, que se continúa y se profundiza:
entre 2023 y 2025, el gasto del Ministerio de Salud cayó un 34%.
Los recursos provinciales están sometidos a la reducción de las
transferencias no automáticas (35%) mientras que el
desfinanciamiento de la seguridad social es ya un drama
evidente. En ese contexto, el anunciado cierre o reconversión
del Programa Remediar implica una reducción drástica de
cobertura en momentos en que el gasto de bolsillo ha
incrementado su participación en el gasto total en salud hasta
niveles nunca observados en nuestra historia. Los recortes en el
PAMI y la anunciada continuidad del ajuste apuntan en el mismo
sentido.
La causalidad unívoca entre recorte presupuestario y reversión
de indicadores no puede establecerse con un año de datos, pero
la convergencia temporal es difícil de ignorar: el quiebre
afecta preferentemente la mortalidad neonatal -el componente más
directamente ligado a la calidad de la atención perinatal y la
disponibilidad de insumos-, tiene distribución federal y
coincide con la interrupción de programas de efectividad
documentada. Un segundo año de datos negativos convertiría la
señal de alarma en tendencia consolidada.
La discusión sobre el sistema de salud argentino suele quedar
atrapada en la lógica del ciclo político: se expande en períodos
de crecimiento, se contrae en períodos de ajuste, y se
reconstruye parcialmente en el siguiente. Pero el modelo
comparado muestra evidencia clara sobre qué es lo que sí
funciona: Uruguay o Chile, por citar dos modelos disímiles, no
lograron sus mejores resultados por un mayor volumen de gasto,
sino por una mayor estabilidad institucional, rectoría sanitaria
coherente y una separación más nítida entre la racionalidad
política de corto plazo y la planificación de largo término de
la política sanitaria. Más allá de las obvias diferencias, en
ambos casos existen consensos transversales -que trascienden
alternancias de gobierno- sobre pisos mínimos de protección
financiera, cobertura prestacional y gobernanza territorial.
Argentina tiene la escala, la capacidad técnica institucional y
la historia sanitaria para alcanzar esos consensos. Lo que ha
faltado, sistemáticamente, es la voluntad política por parte de
autoridades, dirigentes y decisores sectoriales en torno a
construirlos con vocación de permanencia. Tres dimensiones
resultan prioritarias para cualquier acuerdo con pretensión de
sustentabilidad.
1. Un piso presupuestario protegido para la salud
pública
La evidencia econométrica disponible para América Latina
relaciona claramente el incremento del gasto público en salud
con una reducción proporcional en la tasa de mortalidad
infantil, mientras que el gasto privado no muestra un efecto
estadísticamente significativo sobre ese indicador. Esta
asimetría fundamenta la necesidad de un mecanismo de protección
presupuestaria que sustraiga los programas de salud
materno-infantil, inmunizaciones y enfermedades prevalentes de
los ciclos de ajuste fiscal. No se trata de dogmatismo
presupuestario sino de racionalidad epidemiológica: ciertas
inversiones tienen retornos diferidos que el horizonte anual del
presupuesto no captura.
2. Una arquitectura de coordinación federal efectiva
La Argentina sanitaria no es un sistema homogéneo sino una
yuxtaposición de sistemas con brechas de inequidad inaceptables.
Cualquier acuerdo serio debe incluir un mecanismo de
redistribución federal que garantice pisos prestacionales
mínimos, con transferencias condicionadas a resultados y
rectoría técnica nacional fortalecida. La descentralización sin
financiamiento es, en la práctica, un mecanismo de
profundización de las inequidades existentes.
3. Regulación de la protección financiera como política
de Estado
Argentina se posicionaba hasta 2022 entre las tres naciones de
América Latina con menor gasto de bolsillo en salud, por debajo
del 30% del gasto total. Las tendencias de 2024 -desregulación
tarifaria, desafiliaciones, erosión de la cobertura del PMO y
copagos instalados- amenazan ese posicionamiento. La protección
financiera de los hogares frente a los gastos de salud no puede
ser una variable de ajuste: es un componente esencial del
sistema de salud y debe regularse como política de Estado, con
independencia del signo político del gobierno de turno.
Luces y sombras de nuestro sistema de salud son ciertas. Pero el
año 2024 puede estar mostrando una inflexión relevante que no
admite ser descartada sólo como ruido estadístico ni justificada
como daño colateral inevitable de un ajuste macroeconómico La
resolución estructural de los problemas del sistema de salud
argentino -eficiencia, inequidad territorial, fragmentación,
sostenibilidad del financiamiento solidario- excede el mandato
de cualquier gobierno en particular. Requiere acuerdos que
trasciendan alternancias electorales, que establezcan pisos
irrenunciables de protección financiera y prestacional, y que
reconozcan que -entre otros-, la salud materno-infantil es el
estado de derecho sanitario en su expresión más elemental.
Construir esos acuerdos es, en definitiva, la única respuesta
técnicamente honesta y políticamente responsable a los datos que
la epidemiología está poniendo sobre la mesa.
Referencias:
1. DEIS-Ministerio de Salud de la Nación, Anuario de
Estadísticas Vitales 2024.
2. Ministerio de Economía de la Nación Argentina. Ejecución
presupuestaria del Sector Público Nacional y transferencias a
provincias. Buenos Aires: Secretaría de Hacienda; 2024–2026.
3. OPS/PAHO Perfiles de País (Argentina y Chile), 2025.
4. OMS Global Health Expenditure Database (GHED) 2025.
5. Ayala-Beas SR, Rodriguez Minaya YE. Gasto en salud y
resultados en salud en América Latina y el Caribe. Rev Panam
Salud Pública. 2023;47: e136. doi: 10.26633/RPSP.2023.136.
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