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MÁS ALLÁ DE LA VOCACIÓN:
EL DISEÑO SISTÉMICO DE UNA MEDICINA HUMANA

Por las Dras. Alicia Gallardo e Ingrid Kuster (*)


En un contexto de creciente complejidad clínica, presión económica y aumento de la judicialización, humanizar la medicina no puede reducirse a una apelación ética individual. Desde la mediación en salud y el derecho colaborativo sabemos que muchos conflictos sanitarios no surgen únicamente de errores técnicos, sino también de fallas en el diseño relacional y organizacional del sistema.
La calidad del vínculo médico-paciente, el tiempo clínico disponible y las condiciones estructurales impactan no solo en los resultados en salud, sino también en la confianza, la adherencia terapéutica y la prevención de conflictos. Humanizar no es un gesto: es una decisión de diseño.
A partir de esta mirada, conversamos con las Dras. Marta (1) (Nefróloga) y Sofía Paz (2) (Gastroenteróloga Infantil) sobre este tema central.

—¿Es posible ejercer una medicina centrada en las personas cuando el sistema prioriza el volumen de consultas sobre la complejidad del cuidado?

La relación médico-paciente es, en esencia, una relación interpersonal compleja. Una de las partes se encuentra en situación de necesidad vinculada a su salud; la otra dispone del conocimiento, la formación y la responsabilidad necesarios para orientar un abordaje diagnóstico y terapéutico.
Esta relación tiene una carga emocional significativa: el paciente suele atravesar angustia, vulnerabilidad e incertidumbre frente a su estado de salud, mientras que el profesional enfrenta la tensión propia de comprender el problema, formular juicios clínicos y ofrecer respuestas adecuadas, muchas veces en escenarios de enfermedad compleja y afligente.
En ese marco, el médico debe sostener un delicado equilibrio: sensibilidad suficiente para empatizar con la experiencia del paciente y fortaleza profesional para posicionarse como referente, apoyo y sostén en el proceso de cuidado y toma de decisiones.

—La medicina actual está altamente profesionalizada y protocolizada. ¿Eso alcanza para garantizar una atención humana?

El ejercicio de la medicina se rige hoy por estándares técnicos y científicos claramente establecidos. Las decisiones clínicas deben fundamentarse en la mejor evidencia disponible, en guías de práctica elaboradas por sociedades científicas y en recomendaciones internacionales. El profesional tiene la obligación de ampliar y actualizar permanentemente sus conocimientos.
Sin embargo, la práctica médica no puede reducirse a la aplicación mecánica de protocolos. En consonancia con el enfoque de atención centrada en las personas promovido por la Organización Mundial de la Salud, la práctica clínica requiere conocer, comprender y respetar las necesidades, valores, preferencias y contexto de vida de cada persona, integrando estos elementos al proceso de toma de decisiones.

—¿Qué implica realmente una consulta médica?

Una consulta médica implica entrevista clínica, interpretación de información compleja, razonamiento diagnóstico, toma de decisiones compartidas, acompañamiento en la incertidumbre y seguimiento longitudinal.
Incluye además un trabajo no siempre visible: revisión de estudios, interconsultas, coordinación con otros niveles de atención, contacto con familiares o cuidadores y tareas administrativas que sostienen el proceso asistencial.
Todo ello requiere tiempo y trabajo relacional. El acto médico no es un intercambio meramente informativo; es un proceso cognitivo y humano que demanda presencia, escucha y elaboración clínica.

—¿El sistema de salud argentino ofrece ese tiempo?

En la práctica cotidiana, el tiempo disponible para la consulta suele ser reducido, en muchos casos alrededor de quince minutos. Este tiempo no ha sido definido por los médicos en función de la naturaleza del acto clínico, sino por criterios de productividad asociados al bajo valor económico asignado a la consulta.
Dicho valor no surge de un mercado libre entre profesionales y pacientes, sino de una estructura de financiamiento altamente concentrada, donde los financiadores establecen aranceles y condiciones contractuales. Tanto médicos como pacientes quedan condicionados por este diseño.
El mercado laboral médico, fragmentado y con elevada oferta de profesionales, limita la capacidad de negociación individual y empuja a sostener ingresos mediante el aumento del volumen de consultas por hora.
Es importante aclarar que la preocupación económica del médico no responde a ambición, sino a la necesidad de ejercer de manera sostenible, con tiempo suficiente por paciente y con re- conocimiento acorde al valor social y sanitario de su tarea.

—Entonces, ¿la humanización depende exclusivamente de la vocación individual?

No. Si la humanización queda librada únicamente al compro- miso personal del profesional, se transforma en una carga ética individual dentro de un sistema que, en su diseño, la dificulta.
Para que la atención centrada en la persona sea viable, es necesario intervenir en el diseño organizacional y en los mecanismos de financiamiento del trabajo clínico. Desde una perspectiva de sistemas de salud -en línea con marcos promovidos por la Organización Mundial de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud y el Institute for Healthcare Improvement- pueden identificarse al menos cinco condiciones estructurales:

1. Agendas asistenciales con tiempos mínimos diferenciados según complejidad clínica.
2. Reconocimiento explícito del trabajo no presencial.
3. Modelos de contratación que reduzcan el pluriempleo estructural.
4. Incorporación de indicadores de calidad relacional y no solo productiva.
5. Mecanismos de financiamiento que reconozcan la complejidad clínica y el trabajo cognitivo requerido.

—¿Por qué es tan determinante proteger la relación médico-paciente?

Porque la calidad del vínculo impacta directamente en la calidad y la seguridad del paciente. Una buena relación facilita la adherencia al tratamiento, reduce complicaciones derivadas de interpretaciones erróneas y disminuye la probabilidad de conflictos legales.
La humanización no es un gesto de cortesía ni un atributo personal; es una dimensión crítica de la calidad asistencial.

—¿Cuál es el verdadero desafío hoy?

El desafío actual no es solo científico, sino estructural. La ciencia provee evidencia; el tiempo clínico y el diseño organizacional permiten aplicarla respetando la singularidad de cada paciente.
Si las instituciones y los modelos de financiamiento no garantizan tiempo suficiente ni reconocen el trabajo cognitivo, la atención centrada en la persona seguirá siendo una aspiración teórica.


Solo mediante reformas que protejan el acto médico de las presiones de la productividad ciega podremos asegurar que la medicina conserve su esencia: un encuentro humano orientado al cuidado.

Para concluir nos hacemos una última pregunta y dejarnos a todos pensando...
Tu organización, ¿está diseñando salud o simplemente procesando consultas?

1.- Dra. Marta Paz, médica nefróloga, especializada en glomerulopatía y trasplante. Gestión en salud. Medical advisor en Industria farmacéutica (https://www.linkedin.com/in/marta-paz-888a4b104/).
2.- Dra. Sofía Paz: Especialista en Gastroenterología Pediátrica, Formación en UNT y Hospital Garrahan. Experiencia en Endoscopía Digestiva (Hospital Posadas). Actualmente acompaña a familias en Maschwitz y Hospital Austral (Pilar), promoviendo una atención cercana y centrada en el paciente

 
(*) Abogadas – Mediadoras - Consultoras en Mediación Sanitaria


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