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En un contexto de creciente complejidad clínica, presión
económica y aumento de la judicialización, humanizar la medicina
no puede reducirse a una apelación ética individual. Desde la
mediación en salud y el derecho colaborativo sabemos que muchos
conflictos sanitarios no surgen únicamente de errores técnicos,
sino también de fallas en el diseño relacional y organizacional
del sistema.
La calidad del vínculo médico-paciente, el tiempo clínico
disponible y las condiciones estructurales impactan no solo en
los resultados en salud, sino también en la confianza, la
adherencia terapéutica y la prevención de conflictos. Humanizar
no es un gesto: es una decisión de diseño.
A partir de esta mirada, conversamos con las Dras. Marta (1)
(Nefróloga) y Sofía Paz (2) (Gastroenteróloga Infantil) sobre
este tema central.
—¿Es posible ejercer una medicina centrada en las
personas cuando el sistema prioriza el volumen de consultas
sobre la complejidad del cuidado?
La relación médico-paciente es, en esencia, una relación
interpersonal compleja. Una de las partes se encuentra en
situación de necesidad vinculada a su salud; la otra dispone del
conocimiento, la formación y la responsabilidad necesarios para
orientar un abordaje diagnóstico y terapéutico.
Esta relación tiene una carga emocional significativa: el
paciente suele atravesar angustia, vulnerabilidad e
incertidumbre frente a su estado de salud, mientras que el
profesional enfrenta la tensión propia de comprender el
problema, formular juicios clínicos y ofrecer respuestas
adecuadas, muchas veces en escenarios de enfermedad compleja y
afligente.
En ese marco, el médico debe sostener un delicado equilibrio:
sensibilidad suficiente para empatizar con la experiencia del
paciente y fortaleza profesional para posicionarse como
referente, apoyo y sostén en el proceso de cuidado y toma de
decisiones.
—La medicina actual está altamente profesionalizada y
protocolizada. ¿Eso alcanza para garantizar una atención humana?
El ejercicio de la medicina se rige hoy por estándares técnicos
y científicos claramente establecidos. Las decisiones clínicas
deben fundamentarse en la mejor evidencia disponible, en guías
de práctica elaboradas por sociedades científicas y en
recomendaciones internacionales. El profesional tiene la
obligación de ampliar y actualizar permanentemente sus
conocimientos.
Sin embargo, la práctica médica no puede reducirse a la
aplicación mecánica de protocolos. En consonancia con el enfoque
de atención centrada en las personas promovido por la
Organización Mundial de la Salud, la práctica clínica requiere
conocer, comprender y respetar las necesidades, valores,
preferencias y contexto de vida de cada persona, integrando
estos elementos al proceso de toma de decisiones.
—¿Qué implica realmente una consulta médica?
Una consulta médica implica entrevista clínica, interpretación
de información compleja, razonamiento diagnóstico, toma de
decisiones compartidas, acompañamiento en la incertidumbre y
seguimiento longitudinal.
Incluye además un trabajo no siempre visible: revisión de
estudios, interconsultas, coordinación con otros niveles de
atención, contacto con familiares o cuidadores y tareas
administrativas que sostienen el proceso asistencial.
Todo ello requiere tiempo y trabajo relacional. El acto médico
no es un intercambio meramente informativo; es un proceso
cognitivo y humano que demanda presencia, escucha y elaboración
clínica.
—¿El sistema de salud argentino ofrece ese tiempo?
En la práctica cotidiana, el tiempo disponible para la consulta
suele ser reducido, en muchos casos alrededor de quince minutos.
Este tiempo no ha sido definido por los médicos en función de la
naturaleza del acto clínico, sino por criterios de productividad
asociados al bajo valor económico asignado a la consulta.
Dicho valor no surge de un mercado libre entre profesionales y
pacientes, sino de una estructura de financiamiento altamente
concentrada, donde los financiadores establecen aranceles y
condiciones contractuales. Tanto médicos como pacientes quedan
condicionados por este diseño.
El mercado laboral médico, fragmentado y con elevada oferta de
profesionales, limita la capacidad de negociación individual y
empuja a sostener ingresos mediante el aumento del volumen de
consultas por hora.
Es importante aclarar que la preocupación económica del médico
no responde a ambición, sino a la necesidad de ejercer de manera
sostenible, con tiempo suficiente por paciente y con re-
conocimiento acorde al valor social y sanitario de su tarea.
—Entonces, ¿la humanización depende exclusivamente de la
vocación individual?
No. Si la humanización queda librada únicamente al compro- miso
personal del profesional, se transforma en una carga ética
individual dentro de un sistema que, en su diseño, la dificulta.
Para que la atención centrada en la persona sea viable, es
necesario intervenir en el diseño organizacional y en los
mecanismos de financiamiento del trabajo clínico. Desde una
perspectiva de sistemas de salud -en línea con marcos promovidos
por la Organización Mundial de la Salud, la Organización
Panamericana de la Salud y el Institute for Healthcare
Improvement- pueden identificarse al menos cinco condiciones
estructurales:
1. Agendas asistenciales con tiempos mínimos diferenciados según
complejidad clínica.
2. Reconocimiento explícito del trabajo no presencial.
3. Modelos de contratación que reduzcan el pluriempleo
estructural.
4. Incorporación de indicadores de calidad relacional y no solo
productiva.
5. Mecanismos de financiamiento que reconozcan la complejidad
clínica y el trabajo cognitivo requerido.
—¿Por qué es tan determinante proteger la relación
médico-paciente?
Porque la calidad del vínculo impacta directamente en la calidad
y la seguridad del paciente. Una buena relación facilita la
adherencia al tratamiento, reduce complicaciones derivadas de
interpretaciones erróneas y disminuye la probabilidad de
conflictos legales.
La humanización no es un gesto de cortesía ni un atributo
personal; es una dimensión crítica de la calidad asistencial.
—¿Cuál es el verdadero desafío hoy?
El desafío actual no es solo científico, sino estructural. La
ciencia provee evidencia; el tiempo clínico y el diseño
organizacional permiten aplicarla respetando la singularidad de
cada paciente.
Si las instituciones y los modelos de financiamiento no
garantizan tiempo suficiente ni reconocen el trabajo cognitivo,
la atención centrada en la persona seguirá siendo una aspiración
teórica.
Solo mediante reformas que protejan el acto médico de las
presiones de la productividad ciega podremos asegurar que la
medicina conserve su esencia: un encuentro humano orientado al
cuidado.
Para concluir nos hacemos una última pregunta y dejarnos a todos
pensando...
Tu organización, ¿está diseñando salud o simplemente procesando
consultas?
1.- Dra. Marta Paz, médica nefróloga, especializada en
glomerulopatía y trasplante. Gestión en salud. Medical advisor
en Industria farmacéutica
(https://www.linkedin.com/in/marta-paz-888a4b104/).
2.- Dra. Sofía Paz: Especialista en Gastroenterología
Pediátrica, Formación en UNT y Hospital Garrahan. Experiencia en
Endoscopía Digestiva (Hospital Posadas). Actualmente acompaña a
familias en Maschwitz y Hospital Austral (Pilar), promoviendo
una atención cercana y centrada en el paciente
(*) Abogadas – Mediadoras - Consultoras en Mediación Sanitaria
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