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Obras Sociales


ECONOMÍA EN SALUD: UN LLAMADO A LA REALIDAD 

Por el Dr. Carlos A. Espelt - Director Médico - Construir Salud


Sabemos que el costo (y el precio) de los servicios de atención de salud se incrementan (en nuestro país y en otros) no solo en mayor proporción que la inflación si no por su dinámica de crecimiento propia, dada por factores tales como el mayor conocimiento científico, el desarrollo tecnológico, el mayor conocimiento de los usuarios con el incremento de sus demandas, etc.
Y a la inversa de lo que sucede en casi todos los demás sectores, la incorporación de tecnología de punta no abarata costos ni precios si no que los incrementa.
Así, la llamada “economía de salud” ha adquirido un perfil propio y parece que cada vez se diferencia más de las restantes disciplinas de la misma especie. Ello por el hecho que aquí media la salud y la vida de las personas, como centro y contexto, lo que más incide en esta diferenciación y la hace tan sensible para la sociedad.
Pero se está ensanchando la grieta (por usar una expresión de moda) entre lo que es humanamente necesario y lo que es económicamente sustentable.
Esto no es nada nuevo y a lo largo de siglos se fueron buscando mecanismos destinados a zanjar el problema, y así tal, nuestro sistema de OOSS se desarrolló como un instrumento más o menos específico dentro de la Seguridad Social en general, para sustento financiero de la cobertura en salud de grupos definidos; en nuestro país, fundamentalmente de la mano de los sindicatos ya desde el siglo XIX.
Pero el sistema de salud se ha fragmentado, como todos sabemos, y peor, incluyendo el propio subsistema de OOSS. Esta fragmentación es nuclear para fomentar la ineficiencia relativa del sistema, poniendo en riesgo su aceptable eficacia.
Parafraseando lo dicho en un programa de actualidad de la TV, en las OOSS “nos estamos enfermando de diagnósticos”. Luego -como suele decir un colega- las soluciones habrían de venir de la mano del “señor hay que…”.
Hay que hacer esto y aquello y lo otro, siempre el “hay que…” sin puntualizar quienes, cómo, cuándo, con qué, etc. Son muchos quienes tienen o creen tener soluciones pero tienden a chocar con los hechos concretos, de los que unos pocos sirven como ejemplos, tales como el precio de nuestro PMO que ronda los $ 6 a 9 mil per cápita (requiere un salario mínimo de cerca de $ 200.000 cuando según el RIPTE el sueldo promedio es de unos $ 156.000), hay medicamentos cuyo valor ya supera en 400 mil dólares al Zolgensma (el Libmeldy por caso) y cerca del 50% del FSR se consume en prestaciones de discapacidad, muy especialmente en traslados por automotor y prestaciones educativas, gasto que viene en una tendencia ascendente y se inclina a conformarse en una suerte de Pareto en los recursos y reintegros del Fondo.
Con muchos etcéteras. Por ejemplo, la ley de cobertura de las enfermedades poco frecuentes: éticamente impecable. Obvia un detalle: de dónde saldrá el dinero para pagar.
Es muy grande la tentación de caer en el “hay que…” y seguramente todos habríamos de tener ideas resolutivas. Nunca va a faltar la sempiterna invocación a la eficiencia en el uso de los recursos, expresión estereotipada volcada a veces en discursos rayanos con la tontería.
Más razonable parece ser la invocación a la efectividad, grado real o expresión práctica de la eficacia, tanto de las intervenciones asistenciales como de la gestión, pero para ello es poco probable que nuestro actual modelo de salud vaya a ser lo suficientemente idóneo.
Un modelo extraño porque todos los actores tienen algo de razón: los proveedores de servicios intentan maximizar sus beneficios, los usuarios quieren maximizar la calidad asistencial que reciben y los financiadores buscan optimizar los recursos que administran.
¿Todo esto junto y al mismo tiempo? ¿Realmente alguien piensa que ello es posible con este modelo que más que fragmentado está hecho un picado en innumerables pedazos?
Está claro que hemos llegado al límite entre lo que debe hacerse éticamente y lo que el actual sistema de OOSS y aún el de Prepagas pueden financiar. Lo único que parcialmente al menos podría brindar un resquicio a este problema no es sino un cambio de modelo.
Un cambio del actual modelo implica no solo la decisión política de llevarlo a cabo si no el compromiso de su extensión en el tiempo más allá del color del gobierno de turno. Implicaría además enfrentar las resistencias al cambio propias de quienes tienen todos los intereses puestos en cada subsector, además de los factores culturales e históricos que son parte de él.
Si comenzáramos ahora llevaría no menos de una década.

Algunas propuestas paliativas -que no son excluyentes entre sí- pueden intentarse:

  •  Que los gastos en educación y transporte de las personas con discapacidad lo asuman los respectivos ministerios o la ANDIS, como lo requieren desde hace tiempo las OOSS y sindicatos.

  •  Un fondo de coberturas de prestaciones de “alto costo y baja incidencia” con aportes del FSR, las propias Prepagas, el Tesoro Nacional y OOSS de otros subsistemas. Requiere integraciones que no a todos pueden gustarle.

  • Crear un observatorio de estudio de costos de producción de servicios e insumos para tratar de dejar que el sistema de OOSS sea precio-referente.

  • Una política de precios fijos y uniformes para los medicamentos como ya la hubo en otros años.

  • Que la SSSalud elabore periódicamente un listado de precios tentativos, no vinculante, de las prestaciones más habituales o de las del PMO o la Canasta, si esta se diseña.

  • Un seguro público (mejor que los varios que ya se intentaron años atrás y cuyo fracaso ha sido todo un éxito) cuyo desarrollo debería superar más de un período de gobierno.

  • Un ente estatal para la producción de medicamentos de alto consumo, no protegidos por patentes, para todo el país (al estilo de los que funcionan en varias provincias).

Aun en el pesimismo se pueden hacer varias cosas. O no se hará ninguna si no hay decisiones y acuerdos políticos y solo continua- remos con los parches y las discusiones sobre cómo se distribuye el FSR o cuanto se paga el día cama o la unidad bioquímica o la consulta o la cápita.
Seguir solo con eso será repetir la historia, decir lo mismo con palabras diferentes, continuar el/los mismos diagnósticos de siempre con expresiones grandilocuentes y vacías, hacer lo de siempre para continuar siempre igual….
Más tarde o más temprano habrá que elegir.

(*) Obra Social del Personal de la Construcción – OSPeCon.

 

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