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El fin del Examen Único desde
2026 reconfigura el acceso a las residencias. Nos devolvió una
fragmentación que había costado una década superar, menos datos
para planificar, más costos de movilidad y un riesgo silencioso
de volver a un sistema donde la geografía (y el bolsillo) pesa
tanto como el mérito.
Del “un examen para todo” al
regreso del mapa fragmentado
En la Argentina, el ingreso a residencias nunca fue solo un
examen, fue, y es, un espejo de cómo se organiza y planifica el
capital humano en salud, de cómo se interpreta el federalismo
sanitario, de dónde se forman los profesionales, y de qué tan
fácil (o difícil) es moverse para entrenarse como especialista.
El Examen Único (EU) no fue siempre la realidad vigente, nació
como respuesta práctica a un problema concreto. La existencia de
múltiples exámenes con lógicas distintas era una barrera de
acceso para quienes vivían lejos de los grandes centros,
dificultaba la cobertura de plazas alejadas, y no permitía tener
datos para planificar.
En términos simples, el EU se pensó como una prueba anual que
evalúa conocimientos de grado para residencias y que permite
acceder a distintos concursos sin rendir exámenes diferentes.
Los datos históricos muestran su expansión entre 2011 y 2019
aumentaron los preinscriptos y, sobre todo, creció el número de
provincias participantes (de 6 a 23 más instituciones nacionales
públicas y privadas).
El seguimiento que hace el Observatorio Federal de Tarento
Humanos en Salud fue advirtiendo que, pese a esto, sigue
habiendo jurisdicciones donde faltan postulantes para cubrir
cargos, y otras donde la competencia es intensa. La aparición
Concurso Unificado (Nación + Prov. de Buenos Aires + CABA)
significó concertar en un gran concurso una proporción
significativa de la oferta.
La filosofía fue simple, acercar el examen a los centros
formadores para dar accesibilidad y aumentar la cobertura.
Córdoba fue el único distrito que mantuvo históricamente un
circuito propio de concurso y examen, con normativa provincial
específica y llamados locales. El escándalo por presuntas
irregularidades y fraude en el examen 2025, dio la clave
contextual para el Ministerio cerrara ese “gran paraguas”.
Paradójicamente algunas provincias lo festejaron como un logro,
ya veremos por qué.
El esquema unificado sostenía la narrativa de “el postulante
elige”. Puede elegir de toda la oferta del país por igual desde
su casa y rendir una única vez en su lugar de residencia. Sin
EU, el péndulo se mueve y ahora parecería que son las provincias
las que “eligen”. Cuantos más concursos distintos quieras
considerar, más exámenes, más traslados, más estadías. El riesgo
es evidente: cuando la movilidad se encarece, el sistema tiende
a favorecer a quienes pueden pagarla, y a las instituciones
situadas en los lugares de formación. Exploremos estos conceptos
con más detalle.
El AMBA, ese imán: donde “atiende
Dios” y se concentran oportunidades
Hay una razón por la que, cuando se habla de residencias, el
AMBA aparece como sinónimo de oportunidades. La concentración de
formación y de cargos en CABA y en la región circundante es
evidente y reportada por múltiples estudios, paralela a la
concentración de profesionales. Esto impacta en la cobertura de
residencias donde las residencias “básicas” en ciudades pequeñas
tienen mucha menor ocupación que en ciudades grandes con centros
formadores, y mientras que las especialidades no priorizadas
logran coberturas altas en ambos entornos.
La pregunta incómoda es, si el EU buscaba, entre otras cosas,
mejorar accesibilidad y cobertura, ¿qué pasa cuando la
accesibilidad vuelve a depender de la posibilidad de moverse?
Para un graduado con intenciones de acceder a los exámenes de
CABA o la provincia de Buenos Aires que debe trasladarse a
rendir ya sea porque busca una especialidad no disponible en sus
cercanías, o le interesa determinado centro formador, debe
considerar un presupuesto entre 500.000 y un millón de pesos
para trasladarse y permanecer al menos un par de días en el
lugar de examen, dependiendo del lugar de procedencia.
La “nueva Argentina” de carreras
de salud: más sedes, más graduados… ¿más arraigo?
En paralelo a los cambios en residencias, la Argentina cambió en
la base dónde se estudia Medicina. Si bien sigue habiendo una
fuerte concentración regional en el área central del país (más
del 80%) en particular en el AMBA, hoy hay 51 carreras de
Medicina en la Argentina, con un fuerte crecimiento de proyectos
recientes en áreas descentralizadas. Se incorporaron 14 carreras
públicas en nueve provincias en dos décadas. Algo parecido
ocurre con las carrera de enfermería que se han sumado en
numerosas universidades alcanzando 74 carreras, cubriendo todas
las provincias. Esto alimenta una expectativa frecuente en
provincias y ciudades intermedias: que “si formamos médicos acá,
se van a quedar”.
La literatura internacional sugiere que el lugar de formación es
un predictor relevante de radicación, algo que parecería
repetirse en nuestro país. Aproximadamente algo más de la mitad
de los egresados permanece para el postgrado donde completo su
formación de grado. Esto explica que las provincias con facultad
tienden a mostrar mejores condiciones relativas para cubrir
vacantes, mientras que otras quedan más expuestas a la falta de
postulantes. También explica su preferencia por los exámenes
descentralizados. Tal vez los costos de probar suerte en otro
lugar sea un factor para incrementar la retención de los
graduados locales.
La contracara es que hay ciudades y provincias que dependen,
estructuralmente, de que lleguen médicos formados en otro lado.
En el esquema del EU, al menos se reducía la fricción inicial
podía rendirse el examen desde otros lugares. Con exámenes
separados, ese flujo externo puede bajar, si el costo de “probar
suerte” en varias jurisdicciones se vuelve prohibitivo. Estas
provincias y centros formadores alejados de las carreras de
grado, en particular en medicina, verán comprometida su
capacidad de captación. Como ocurriera en ataño seguirán
dependiendo del “regreso del hijo pródigo” que se desplazó para
formarse en el grado, y decide regresar para la residencia.
La pregunta final: federalismo,
equidad y planificación
En síntesis, por un lado, los grandes centros con carrera de
Medicina y alta oferta de residencias (AMBA y capitales
tradicionales) tienden a sostener demanda por inercia: volumen
de egresados, redes y prestigio. La fragmentación los afecta
menos. Por otro lado, las provincias con nuevas carreras de
Medicina y Enfermería pueden retener una parte importante de su
talento, pero la distribución interna (capital vs interior)
seguirá siendo un desafío. Finalmente, los territorios sin
carrera de grado son los más vulnerables: al depender del “flujo
externo”.
El Examen Único no resolvía todos los problemas, pero sí ofrecía
un piso de eficiencia (una evaluación) y un vector de equidad de
acceso (menos barreras logísticas), sumado a que permitía una
planificación centralizada. Con su discontinuidad desde 2026, el
debate vuelve a ser, ¿quién elige a quién? En teoría, el
postulante. En la práctica, el sistema también elige o
condiciona, filtrando por geografía, y recursos para moverse. La
planificación, ausente, se pierde una de las herramientas más
poderosas para asegurar la fuerza de trabajo en salud.
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