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RESIDENCIAS SIN EXAMEN ÚNICO: ¿QUIÉN ELIGE A QUIÉN?
 Por el Dr. Marcelo García Dieguez (*)


El fin del Examen Único desde 2026 reconfigura el acceso a las residencias. Nos devolvió una fragmentación que había costado una década superar, menos datos para planificar, más costos de movilidad y un riesgo silencioso de volver a un sistema donde la geografía (y el bolsillo) pesa tanto como el mérito.

Del “un examen para todo” al regreso del mapa fragmentado

En la Argentina, el ingreso a residencias nunca fue solo un examen, fue, y es, un espejo de cómo se organiza y planifica el capital humano en salud, de cómo se interpreta el federalismo sanitario, de dónde se forman los profesionales, y de qué tan fácil (o difícil) es moverse para entrenarse como especialista.
El Examen Único (EU) no fue siempre la realidad vigente, nació como respuesta práctica a un problema concreto. La existencia de múltiples exámenes con lógicas distintas era una barrera de acceso para quienes vivían lejos de los grandes centros, dificultaba la cobertura de plazas alejadas, y no permitía tener datos para planificar.
En términos simples, el EU se pensó como una prueba anual que evalúa conocimientos de grado para residencias y que permite acceder a distintos concursos sin rendir exámenes diferentes. Los datos históricos muestran su expansión entre 2011 y 2019 aumentaron los preinscriptos y, sobre todo, creció el número de provincias participantes (de 6 a 23 más instituciones nacionales públicas y privadas).
El seguimiento que hace el Observatorio Federal de Tarento Humanos en Salud fue advirtiendo que, pese a esto, sigue habiendo jurisdicciones donde faltan postulantes para cubrir cargos, y otras donde la competencia es intensa. La aparición Concurso Unificado (Nación + Prov. de Buenos Aires + CABA) significó concertar en un gran concurso una proporción significativa de la oferta.
La filosofía fue simple, acercar el examen a los centros formadores para dar accesibilidad y aumentar la cobertura. Córdoba fue el único distrito que mantuvo históricamente un circuito propio de concurso y examen, con normativa provincial específica y llamados locales. El escándalo por presuntas irregularidades y fraude en el examen 2025, dio la clave contextual para el Ministerio cerrara ese “gran paraguas”. Paradójicamente algunas provincias lo festejaron como un logro, ya veremos por qué.
El esquema unificado sostenía la narrativa de “el postulante elige”. Puede elegir de toda la oferta del país por igual desde su casa y rendir una única vez en su lugar de residencia. Sin EU, el péndulo se mueve y ahora parecería que son las provincias las que “eligen”. Cuantos más concursos distintos quieras considerar, más exámenes, más traslados, más estadías. El riesgo es evidente: cuando la movilidad se encarece, el sistema tiende a favorecer a quienes pueden pagarla, y a las instituciones situadas en los lugares de formación. Exploremos estos conceptos con más detalle.

El AMBA, ese imán: donde “atiende Dios” y se concentran oportunidades

Hay una razón por la que, cuando se habla de residencias, el AMBA aparece como sinónimo de oportunidades. La concentración de formación y de cargos en CABA y en la región circundante es evidente y reportada por múltiples estudios, paralela a la concentración de profesionales. Esto impacta en la cobertura de residencias donde las residencias “básicas” en ciudades pequeñas tienen mucha menor ocupación que en ciudades grandes con centros formadores, y mientras que las especialidades no priorizadas logran coberturas altas en ambos entornos.
La pregunta incómoda es, si el EU buscaba, entre otras cosas, mejorar accesibilidad y cobertura, ¿qué pasa cuando la accesibilidad vuelve a depender de la posibilidad de moverse?

Para un graduado con intenciones de acceder a los exámenes de CABA o la provincia de Buenos Aires que debe trasladarse a rendir ya sea porque busca una especialidad no disponible en sus cercanías, o le interesa determinado centro formador, debe considerar un presupuesto entre 500.000 y un millón de pesos para trasladarse y permanecer al menos un par de días en el lugar de examen, dependiendo del lugar de procedencia.

La “nueva Argentina” de carreras de salud: más sedes, más graduados… ¿más arraigo?

En paralelo a los cambios en residencias, la Argentina cambió en la base dónde se estudia Medicina. Si bien sigue habiendo una fuerte concentración regional en el área central del país (más del 80%) en particular en el AMBA, hoy hay 51 carreras de Medicina en la Argentina, con un fuerte crecimiento de proyectos recientes en áreas descentralizadas. Se incorporaron 14 carreras públicas en nueve provincias en dos décadas. Algo parecido ocurre con las carrera de enfermería que se han sumado en numerosas universidades alcanzando 74 carreras, cubriendo todas las provincias. Esto alimenta una expectativa frecuente en provincias y ciudades intermedias: que “si formamos médicos acá, se van a quedar”.
La literatura internacional sugiere que el lugar de formación es un predictor relevante de radicación, algo que parecería repetirse en nuestro país. Aproximadamente algo más de la mitad de los egresados permanece para el postgrado donde completo su formación de grado. Esto explica que las provincias con facultad tienden a mostrar mejores condiciones relativas para cubrir vacantes, mientras que otras quedan más expuestas a la falta de postulantes. También explica su preferencia por los exámenes descentralizados. Tal vez los costos de probar suerte en otro lugar sea un factor para incrementar la retención de los graduados locales.
La contracara es que hay ciudades y provincias que dependen, estructuralmente, de que lleguen médicos formados en otro lado. En el esquema del EU, al menos se reducía la fricción inicial podía rendirse el examen desde otros lugares. Con exámenes separados, ese flujo externo puede bajar, si el costo de “probar suerte” en varias jurisdicciones se vuelve prohibitivo. Estas provincias y centros formadores alejados de las carreras de grado, en particular en medicina, verán comprometida su capacidad de captación. Como ocurriera en ataño seguirán dependiendo del “regreso del hijo pródigo” que se desplazó para formarse en el grado, y decide regresar para la residencia.

La pregunta final: federalismo, equidad y planificación

En síntesis, por un lado, los grandes centros con carrera de Medicina y alta oferta de residencias (AMBA y capitales tradicionales) tienden a sostener demanda por inercia: volumen de egresados, redes y prestigio. La fragmentación los afecta menos. Por otro lado, las provincias con nuevas carreras de Medicina y Enfermería pueden retener una parte importante de su talento, pero la distribución interna (capital vs interior) seguirá siendo un desafío. Finalmente, los territorios sin carrera de grado son los más vulnerables: al depender del “flujo externo”.
El Examen Único no resolvía todos los problemas, pero sí ofrecía un piso de eficiencia (una evaluación) y un vector de equidad de acceso (menos barreras logísticas), sumado a que permitía una planificación centralizada. Con su discontinuidad desde 2026, el debate vuelve a ser, ¿quién elige a quién? En teoría, el postulante. En la práctica, el sistema también elige o condiciona, filtrando por geografía, y recursos para moverse. La planificación, ausente, se pierde una de las herramientas más poderosas para asegurar la fuerza de trabajo en salud.

 

(*)  Médico (MP 18877). Profesor Asociado. Departamento de Ciencias de la Salud. Universidad Nacional del Sur. Exdirector nacional de Capital Humano Ministerio de Salud

 
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