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 Debate

    
RESIDENCIAS: YA ESTÁ DISPONIBLE LA NUEVA TEMPORADA DE ESTA ANGUSTIANTE SERIE
 Por el Dr. Marcelo García Dieguez (*)


Llega esta época del año y las residencias para profesionales de la salud son noticia. Por un lado, fuertes reclamos salariales, por otro, las repetidas alertas sobre plazas sin cubrir. Estas historias parecen vueltas a la noria. Siempre los mismos problemas y seguimos en el mismo lugar corriendo sin avanzar.
De los más de 6.000 cargos que se ofrecen en el Examen Único organizado por el Ministerio de Salud de la Nación, 40% se vuelven a ofrecer en la readjudicación por no haber sido cubiertos.
Este dato se hace más alarmante si miramos que pediatría con todas sus variantes (articuladas con neonatología y terapia intensiva) al igual que medicina general y familiar debieron volver a ofrecer el 60% de los cargos. Para los cuidados críticos el panorama es desolador: 75% de cargos sin cubrir.
Deberíamos analizar con profundidad por qué un sistema con una larga tradición, que atrae profesionales de otros países, que ofrece plazas suficientes para todos los graduados -al menos en medicina- se ha degradado y está en crisis.
Las residencias, si bien en revisión, siguen siendo el camino de formación especializada vigente en la mayor parte del mundo con un funcionamiento adecuado. Probablemente la primera respuesta venga del análisis global del sistema de salud devaluado, fragmentado y sin horizonte.
En este contexto la residencia se ha constituido en una invisibilizada red de contención asistencial, poniendo en los hombros de jóvenes recién graduados responsabilidades que no les corresponden.
La carga laboral, las bajas remuneraciones, el maltrato, la violencia, las condiciones adversas del contexto y la falta de supervisión por parte de profesionales formados, ha ido dominando el panorama.
Hoy el ingreso de un residente, que recordemos tiene dedicación exclusiva a veces con más de una guardia semanal, y en muchos casos tiene familia, se encuentran por debajo del ingreso necesario para ser considerado pobre.
Las residencias en la Argentina se han desarrollado con fuerte base en el sistema de salud y con escasa participación del sistema educativo. Esto fue positivo en términos de la expansión del sistema, pero llevo paulatinamente a que predomine la visión de las residencias como un salvavidas asistencial más que un sistema de formación.
Las financian mayoritariamente el Ministerio de Salud de la Nación, las provincias y los municipios con una participación muy minoritaria de privados y universidades. A diferencia de la mayor parte de los países del mundo, incluyendo nuestros vecinos, los aspectos educacionales no están bajo la órbita universitaria.
Cuando estas articulaciones se dan no son estructurales sino iniciativas de orden local a nivel de los servicios y la universidad se involucró poco en el rol asistencial de los residentes.
La supervisión por profesionales formados en un contexto de multiempleo y baja carga laboral por carreras hospitalarias anticuadas y con mala remuneración de profesionales, pasa a depender más de la vocación docente y las ganas de enseñar que de un sistema organizado.
A todas estas dificultades generales se le suman problemas en especialidades puntuales. Esto también se vincula a la crisis. El horizonte de futuro para las especialidades vinculadas a la atención en el primer nivel y en cuidados críticos desalienta.
Los salarios públicos no son atractivos y en el sistema de seguridad social quienes dependen para su ingreso de la retribución por consulta o por guardia difícilmente lo vean como un futuro promisorio.
Todo este contexto adverso se da en medio de una crisis fenomenal del país y en un contexto global en el que carreras vinculadas a salud, con una duración entre grado y postgrado superior a los 12 años, están siendo cuestionadas y atrayendo menos postulantes.
Los jóvenes priorizan la inmediatez y tratan de preservar sus tiempos de ocio y disfrute, lo que no parece algo para criticar sino una evolución lógica de una sociedad que busca satisfacciones a partir del desarrollo y la tecnología.
Es necesario repensar el sistema. Así como vamos la balanza se inclina a un sistema que no forma los especialistas que necesitamos, que ha perdido buena parte de su componente educacional.
Sumar a las universidades a la discusión, mejorar las condiciones laborales y de ingreso, es parte del camino, pero sin una reforma integral del sistema de salud no será posible un cambio significativo que permita que las residencias sean la base de la planificación del futuro capital humano en salud.
La provincia de Buenos Aires acaba de hacer un intento con un nuevo reglamento de residencias que toma en cuenta varios de los aspectos mencionados. Tal vez no pueda cambiar la tendencia en 2022 con el proceso en marcha, pero es un paso.
Probablemente las mayores resistencias las encuentre en el sistema de salud que no está preparado para que el residente se concentre en formarse, tenga menos carga de guardias y retome el camino que no debió perder.
Las mejoras salariales diferenciales, si bien con intenciones correctas, tal vez resulten insuficientes para atraer residentes en las especialidades y lugares donde cada vez resulta más difícil hacerlo.

 

(*)  Médico (MP 18877). Profesor Asociado Universidad Nacional del Sur. Ex director nacional de Capital Humano Ministerio de Salud

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