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Columna


DE CERCA NADA ES NORMAL

Por el Lic. Patricio Pasman (*)


El elogio habitual de mi madre cuando conoce a una persona que le cae bien, es decir que es muy normal. Ser una persona “normal” sería ser “gente de bien”, pensar lo “normal”, lo de siempre, lo esperable.
Suena razonable ya que finalmente ser “anormal” siempre ha sido un insulto, alguien que vive o piensa “fuera de la norma”.
Caetano Veloso en su fantástico tema “Vaca Profana”, nos regala otra mirada diciendo que “nadie de cerca es normal”. A medida que nos acercamos más al conocimiento de una persona, mejor podemos ver su singularidad, riqueza y profundidad. En definitiva, llegar a acercarnos a la punta del iceberg de ese misterio que somos cada uno de los seres humanos.
Filosofaba sobre este debate imaginario entre mi madre y Caetano, mientras pensaba en cómo había sido el año 2022 para el sector de las obras sociales y la medicina prepaga.
Viniendo de dos años tan atípicos como fueron el 2020 y 2021, lo primero que me surgió es que habíamos vuelto a tener un año “normal”.
El año 2020 la pandemia sacudió al mundo y nos cambió en muchos aspectos.
En el sector tuvimos que adaptarnos rápidamente a operar en forma remota y monitorear permanentemente que las coberturas y el acceso a las prestaciones estén a la altura de las circunstancias. Avanzamos significativamente en consultas médicas virtuales, receta digital y portales y aplicaciones de autogestión. Creo que salimos medianamente bien parados según la opinión de nuestros usuarios.
El año 2020 tuvo muy poco de esa “normalidad” que tanto elogia mi madre.
En el año 2021 tuvimos un desborde del gasto. Los usuarios salieron en forma masiva a realizarse chequeos, consultas y estudios médicos que no habían realizado el año anterior. Las prestaciones médicas, odontológicas y de salud mental crecieron en exceso, finalizando el año con tasas de utilización en niveles “anormales”.
Algunos prestadores médicos, ante la merma de clientes/pacientes durante la estricta cuarentena del año 2020, comenzaron a utilizar eficientemente herramientas de marketing digital para promover el uso de los servicios que prestan, en especial todo lo relacionado a estudios preventivos.
Esta utilización “anormal” de los servicios de salud estuvo combinada con un significativo atraso en los precios de los planes. Ante la compleja situación económica vivida durante la pandemia, los aumentos autorizados por el gobierno fueron muy bajos comparados con la inflación. Mientras que la inflación acumulada de estos dos años fue de 105%, el aumento autorizado a las Entidades de Medicina Prepaga (EMP) fue de 62%.
Podemos todos imaginar las importantes pérdidas económicas que las EMP tuvieron con este “choque de planetas” de consumo postergado y precios atrasados. Otro año muy “anormal”.
En una primera mirada del 2022, se tiende a pensar que se volvió a la “normalidad”. Las tasas de utilización, por ejemplo, volvieron a parecerse a las del año 2019.
Sin embargo, como sugiere Caetano Veloso con las personas, si miramos más de cerca nos encontramos que tiene poco de “normal”. Comencemos con lo sucedido a fines de octubre.
A mediados de año, para evitar la subjetividad y el oportunismo político del gobierno de turno en el otorgamiento de los aumentos a las EMP, el Ministerio de Salud definió a través de la Resolución 1293-2022, un índice para el ajuste de las cuotas. Una muy buena medida sin duda que garantizaba previsibilidad y seguridad jurídica. Los aumentos no se establecerían en función al lobby y las negociaciones entre cámaras y funcionarios de turno. Un índice técnico que, entre otras virtudes, libera al Gobierno a exponerse públicamente autorizando los aumentos.
El índice de incremento a partir de mitad de año fue el producto de una matriz de costos con una incidencia diferente según el componente del gasto. La incidencia quedó establecida en un 52,4% en la variación de los recursos humanos, un 12,2% de los medicamentos, un 17,2% de insumos médicos y un 18,2% de otros insumos y gastos generales.
Este nuevo índice reflejó en agosto un aumento del 11,34% y en octubre un 11,53%.
En diciembre el índice fue de 13,8%.
A fines de octubre, unos días después de comunicar este incremento a los usuarios con más de 30 días de anticipación como dice la ley, la vicepresidenta de la Nación emitió un tweet.
Un solo tweet. Menos de 280 caracteres. Solo 256 caracteres para ser más precisos.
Decía lo siguiente:
“Resulta francamente inaceptable el nuevo aumento, esta vez de dos dígitos (13,8%), que el Gobierno autorizó a las empresas de medicina prepaga, y que de esta manera suman el 114% anual de aumento otorgado. O sea, más de un 20% sobre la inflación anualizada”.
En realidad, no fue uno solo. Hubo otro tweet, aunque con el anterior ya bastaba.
El segundo decía:
“Oportuna y reservadamente, manifestamos nuestra opinión contraria a seguir concediendo aumentos que afectan a las familias argentinas en un servicio imprescindible como el de la salud y que además agrava al proceso inflacionario”.
Pocos días después de conocerse ese tweet, el gobierno emitió a las apuradas dos DNU (decreto de necesidad y urgencia) y dos resoluciones que vuelven a cambiar las reglas de juego. Como se sabe, estos permanentes cambios afectan considerablemente la tasa de inversión y el consecuente desarrollo de nuestro país. Me ha tocado trabajar para distintas empresas extranjeras que invirtieron mayormente en los años 90 y luego se fueron del país. Esta era una de sus mayores preocupaciones.
Terminando de escribir este artículo a mediados de diciembre, aún no sabemos cómo se van a poder administrar estos decretos. La improvisación y el apuro traerán innumerables inconvenientes al sector, incluyendo también a usuarios y prestadores.
Otra de las “anormalidades” de nuestro sector, es continuar con la cobertura de medicamentos de alto precio, inviable para muchas de las EMP. Lo “normal”, como sucede por ejemplo en nuestros países vecinos Chile y Uruguay, sería que fueran cubiertos por un fondo nacional y no por las entidades.
Algunos ejemplos de medicamentos de alto precio para tomar dimensión del problema son: Zolgensma de U$S 2,125 millones o el Spinrazza U$S 750 mil primer año y U$S 375 mil a partir del segundo de por vida, ambos para el AME (Atrofia Muscular Espinal); el Zokinvy para Síndrome de Hutchinson-Gilford con un costo de U$S 1,03 millones por año o el Aduhelm para la enfermedad de Alzheimer a U$S 56 mil por año.
El gasto en medicamentos de una EMP que solía estar en el orden del 20% del gasto total, hoy representa alrededor del 30%. Lo mismo sucede con el gasto en prótesis y estudios de diagnóstico. Todos crecen desde hace muchos años por encima de los ingresos.
Una de las consecuencias no deseadas, es que inevitablemente se destina año a año un menor porcentaje del gasto en honorarios médicos. Muchos médicos dejan de atender por prepaga o intentan cobrar un “plus” a los asociados.
Con respecto al país, los indicadores no son alentadores. Uno de los motores de crecimiento del sector es la evolución del empleo privado registrado. Ese motor esta apagado. El empleo privado registrado, se encuentra prácticamente estancado desde hace 10 años. No así el empleo público que creció un 32% en esos mismos años.
Otro indicador es la variación del salario comparado con la inflación que nos muestra dos datos muy relevantes. Por un lado, el poder adquisitivo de los empleados en relación de dependencia. Por el otro los ingresos de aportes y contribuciones a las obras sociales.

Salvo en el año 2021, el poder adquisitivo y el ingreso de aportes y contribuciones a las obras sociales vienen por debajo de la inflación. En estos 5 años el deterioro ha sido muy significativo.

Según el informe recientemente publicado de IPEGSA, PROSANITY y la USAL, sobre un total de 290 obras sociales nacionales, hay 140 que no reciben los ingresos suficientes para poder cubrir el PMO (Programa Médico Obligatorio). En términos de beneficiarios la situación es mucho más grave aún, ya que estas 140 obras sociales brindan cobertura al 77% del padrón de beneficiarios del sistema. Una catástrofe sanitaria de la cual poco se habla lamentablemente.

Es llamativo que el sector de las EMP sigue creciendo. El relevamiento que vengo haciendo todos los fines de año muestra que el sector está cerca de alcanzar los 8 millones de afiliados.

Pese al estancamiento del empleo privado y la pérdida del poder adquisitivo, la medicina prepaga es un aspiracional de la población y año a año hace más esfuerzos para mantenerse o ingresar al sistema. Puede verse con claridad que la tasa de crecimiento era mayor cuando los salarios crecían por encima de la inflación y se generaba empleo privado.
Este fin de año nos encuentra a todos unidos luego del campeonato del mundo ganado por nuestra selección de futbol. Mucho se viene escribiendo acerca de los valores que lo llevaron al triunfo. Esfuerzo, liderazgo, humildad, inteligencia y trabajo en equipo, son algunos de esos valores que necesitamos para nuestro sector y para el país.

Brindemos por esto ¡Salud!

(*) Consultor de Entidades de Medicina Prepaga.

 

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