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Cuando la inflación deja de funcionar como “amortiguador
sistémico”, la organización pierde un mecanismo informal para
absorber ineficiencias. La contabilidad deja de ser un ejercicio
defensivo y pasa a ser un espejo incómodo. En ese contexto, la
supervivencia deja de depender de la negociación tarifaria y
pasa a depender de la productividad clínica, la eficiencia
operativa y la claridad estratégica. Lo que sigue no es ajuste
contable: es un trabajo profundo de reingeniería organizacional.
Los poderosos lobbies sanitarios en las provincias permanecen
intactos refugiados detrás la ausencia de una estrategia de los
gobiernos y de los financiadores provinciales que no logran
coordinar y articular la capacidad de compra, así como la
utilización de instrumentos de contratación que permitan medir y
pagar por resultados y desempeños.
La inflación es una niebla que oculta la realidad. Cuando
convivimos con inflación alta existen una serie de beneficios a
la vista de todos:
Los costos
reales se diluyen.
Las
ineficiencias se licúan.
Los precios se
renegocian continuamente.
El foco está en
los ingresos, y no en la productividad.
En el momento que un país comienza a controlar el proceso
inflacionario comienza a jugarse un nuevo partido, un nuevo
entorno que requiere cambios para poder hacer frente al hecho
que:
Costos quedan
expuestos.
Los márgenes se
vuelven rígidos.
La ineficiencia
se hace visible.
El flujo de
caja depende de procesos eficientes.
Es el momento en que los prestadores y financiadores de
servicios de salud dejan de ganar por manejo y arbitraje
financiero y se requiere para volver a ganar desarrollar
capacidad de gestión. De esta manera empiezan a emerger
los costos reales que se expresan en:
Servicios con
márgenes negativos.
Quirófanos
subutilizados.
Estancias
medias injustificadas.
Sobrecostos
farmacéuticos.
Duplicación de
funciones.
Plantillas
desalineadas con la producción.
Esto obliga a responder preguntas que antes podían evitarse:
¿Qué líneas de
servicio destruyen valor?
¿Qué procesos
agregan costos sin mejorar resultados?
¿Qué capacidad
instalada no se justifica?
La reingeniería de procesos nos permite pasar de estructura a
flujo y el cambio clave es conceptual: de organización por
servicios aislados hacia una organización por procesos
asistenciales.
El modelo de lean healthcare aplicado en los focos principales
nos permite:
|
Admisión y programación |
Eliminar tiempos muertos
Optimizar agendas quirúrgicas
Reducir
cancelaciones |
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Flujo quirúrgico |
Turnaround time
Checklists estandarizados
Logística quirúrgica integrada |
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Internación |
Protocolos
clínicos
Alta temprana segura
Hospitalización abreviada |
|
Diagnóstico por |
Eliminación de cuellos
de botella
imágenes
Lectura remota
Integración con historia clínica |
|
Farmacia hospitalaria |
Unidosis
Control de consumo real
Reducción de pérdidas |
La productividad clínica pasa
a ser el corazón de la sostenibilidad y comienza a jugarse en
los indicadores críticos que debemos comenzar a considerar. Sin
estos indicadores no hay gestión:
Estancia media
ajustada por complejidad.
Tasa de
ocupación efectiva.
Rotación de
camas.
Utilización de
quirófanos.
Costos por
episodio clínico.
Tasa de
readmisión.
Consumo
farmacéutico por caso.
Otro componente clave de la reconversión es la innovación
estratégica que no es simplemente comprar tecnología sino
alinear la inversión con la estrategia definida en el plan.
Algunos errores frecuentes son invertir en equipamiento de alta
complejidad sin volumen suficiente, incorporar tecnología solo
querer ganar prestigio o buscar digitalizar sin rediseñar los
procesos. La innovación útil es toda aquella que permite:
Reducir costos
estructurales.
Mejorar
productividad clínica.
Integrar
información.
Mejorar
resultados.
Algunas innovaciones de alto impacto real que podemos encontrar
en organizaciones más desarrolladas son:
|
Digitales |
Historia clínica interoperable
Analítica clínica y financiera
Trazabilidad farmacológica |
|
Operativas |
Cirugía
ambulatoria expandida
Hospital de día
Telemonitoreo de crónicos
Preadmisión digital |
|
Clínicas |
Protocolos estandarizados
Unidades funcionales por patología
Pathways asistenciales |
La pregunta estratégica que
nos obliga redefinir y replantear- nos es: ¿qué prestador quiero
ser? La baja inflación obliga a responder y actuar dentro del
posicionamiento posible:
|
1.
Centro de Alta
complejidad |
Alta especialización
Alto volumen
Acuerdos con financiadores |
|
2.
Clínica quirúrgica
eficiente |
Cirugía programada
Corta estancia
Alta rotación |
|
3.
Centro ambulatorio
avanzado |
Diagnóstico
Hospital de día
Procedimientos mínimamente invasivos |
|
4.
Nodo de red integrada |
Continuidad
asistencial
Coordinación con primer nivel
Gestión de pacientes crónicos |
Lo que no resultara viable en este nuevo entorno es intentar ser
y hacer todo para todos. Surge aquí el concepto de inversión
estratégica en base al posicionamiento asumido: donde invertir y
donde no hacerlo.
| Donde
invertir |
Donde evitar la inversión
|
|
Digitalización clínica y operativa |
Equipamiento sin
volumen suficiente |
|
Cirugía ambulatoria y hospital de día |
Expansión edilicia
sin rediseño de procesos |
|
Eficiencia energética y logística |
Tecnología sin
integración digital |
|
Analítica de datos |
Duplicación de
servicios |
|
Capacitación del personal
|
|
En salud el componente del talento humano y la gestión del mismo
son claves. El pasaje del empleo a la productividad requiere en
la transición:
Redefinir
roles.
Eliminar
redundancias.
Formar en
procesos y calidad.
Introducir
incentivos por desempeño.
Profesionalizar
mandos medios.
Lo que debemos saber es que el mayor desperdicio en salud no es
tecnológico sino organizacional.
Respecto de la gobernanza clínica y la cultura organizacional
debemos ser conscientes que sin cambio cultural no existe
eficiencia sostenible en el tiempo. Las claves requeridas para
este cambio son:
Decisiones
basadas en datos.
Transparencia
de resultados.
Responsabilidad
por procesos.
Cultura de
mejora continua.
Seguridad del
paciente como eje.
Que sucederá con quienes no quieran o no puedan tener la
capacidad de adaptación en un sector donde hasta ahora siempre
se ha encontrado una solución «estatal» para sostener la falta
de reformas y adecuaciones. La baja inflación sin dudas
acelerará los procesos naturales de: fusiones, reconversiones,
especialización forzada, salida del mercado e integración en
redes. No es una crisis es un proceso de maduración que ha sido
demorado en el tiempo y se le han puesto parches que han
aumentado la complejidad y la oscuridad del problema, pero no lo
han hecho desaparecer.
Sin embargo, este nuevo entorno competitivo puede ser una
ventana de oportunidad porque permite:
Modernizar estructuras obsoletas.
Ganar competitividad real.
Construir reputación por calidad.
Negociar mejor con financiadores.
Atraer talento profesional.
La idea fuerza que surge del cambio de contexto es que antes la
inflación ocultaba la ineficiencia y ahora la búsqueda de la
eficiencia se convierte en condición sine quanon para la
supervivencia. Pero este no es un proceso automático, sino que
requiere un accionar y un empoderamiento de la demanda de tal
manera de innovar con las modalidades de pago, controlar y
auditar de manera adecuada para poder generar valor mediante los
recursos que se invierten. Y en salud, sobrevivir no significa
ajustarse: por el contrario, es producir valor clínico con
inteligencia organizacional
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