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Spoiler alert: este no es un artículo acerca de los alcances y
posibilidades de la Inteligencia Artificial (IA). Es una
reflexión compartida en torno a las tendencias que se observan
en el mercado de la salud a partir de su aparición, y las
consecuencias que devienen de ello. Estamos en un momento de
genuino cambio de modelo de producción de servicios de salud, y
tal vez valga la pena detenerse en ello.
La ingeniería biológica, (nuevas moléculas) y genética (medicina
genómica -CRISPR), las interfases humano- mecánica (cíborgs), la
ingeniería de la vida inorgánica (dispositivos) y la robótica
aplicada ya son parte de la tecnología disponible.
Su intersección con el Big Data y consecuentemente el
aprendizaje automático a través de IA, supone una verdadera
bisagra ya no en lo procedimental o instrumental, tal como lo
conocimos hasta ahora, sino en el propio modelo de producción en
salud. Baste un ejemplo: el Premio Nobel de química 2024 le fue
otorgado (D. Baker - D. Hassabis - J.M. Jumper) ni más ni menos
que por el diseño computacional de proteínas. En otras palabras,
por la creación a través de la IA de un componente esencial de
la vida.
Esta revolución tecnológica está redefiniendo tanto el futuro
del sector, como el concepto mismo de salud. Analistas de Alta
Dirección Estratégica y consultoras internacionales, pronostican
de aquí a 2035 en EE. UU una reasignación de fondos equivalentes
a 1 billón de dólares actualmente asignados a procedimientos y
procesos definidos como “obsoletos” hacia “modelos de atención
de próxima generación”. Este cambio se describe como la
oportunidad de transformar la atención médica “de un punto de
quiebre a un avance decisivo” (From breaking point to
breakthrough).(i)
Ese billón es el monto que se espera se desplace hacia la
automatización de procesos administrativos, como derivaciones y
programación de citas, automatización de procedimientos
diagnóstico-terapéuticos y la atención definida como proactiva,
predictiva y personalizada.
Se llega incluso a anunciar el desplazamiento de la institución
asistencial, al hogar familiar, transformándolo en un centro de
monitoreo continuo, en el que los dispositivos se volverán
exponencialmente más sofisticados: espejos inteligentes que
rastrean la temperatura y la presión arterial, comparándolas con
datos históricos, e inodoros con tecnología habilitada capaces
de detectar biomarcadores de posibles cambios en el estado de
salud mucho antes de que aparezcan los síntomas. (ii)
La bioingeniería avanzada, la ingeniería de ciborgs, la
robotización aplicada, la bioinformática y los procedimientos
centrados en la medicina genómica: (CRISPR), dan soporte al
cambio de paradigma enunciado. (iii) (iv)
Este último en particular, conlleva una consecuencia
inquietante. Los avances en rastreo poligénico actualmente en
etapa de comercialización, suponen la posibilidad de excluir a
aquellos embriones “defectuosos”, o incluso, inducir
características genéticamente determinadas, a través de
procedimientos genómicos, de modo tal que el concepto de salud
se va desplazando progresivamente desde quien no presenta signos
de enfermedad, o no soporta la carga hereditaria de padecerla
hacia quien haya sido optimizado en términos de su bagaje
heredado, y pueda pagarlo, por supuesto.(1)
La historia muestra que el avance tecnológico por sí solo no
garantiza progreso social. Angus Deaton (Premio Nóbel de
Economía 2005) conceptualizó que los mismos mecanismos de
innovación y crecimiento que históricamente permitieron a
algunos países el “Gran Escape” de la pobreza y la enfermedad,
generaron simultáneamente enormes desigualdades entre los que
prosperaron y los que quedaron atrás.(v)
En el siglo XXI la IA actúa como un amplificador de esta
paradoja. El futuro cercano promete diagnósticos instantáneos y
recetas entregadas por drones, pero el contraste con el
desfinanciamiento y la degradación de los sistemas sanitarios
solidarios y universales resulta brutal.
Si el concepto ordenador del conocimiento científico se orienta
hacia el perfeccionamiento individual sostenido por la capacidad
económica del sujeto, y el acceso efectivo hacia quienes pueden
pagarlo, de no mediar políticas públicas que lo contrarresten,
los algoritmos serán capaces de diagnosticar incluso por vía
remota enfermedades mucho antes de la aparición de los síntomas,
pero mientras tanto la población más vulnerable ni siquiera
podrá costear la consulta básica o la medicación.
El sujeto ideal del sistema de salud de próxima generación sería
así, -si no hacemos algo al respecto-, un “súper consumidor” con
altos ingresos que pagará de su bolsillo por innovaciones como
la genómica y los “digital twins” (2), impulsando y financiando
la evolución. Pero en el otro extremo, veremos- como ya se
propone explícitamente - chatbots diseñados para atender las
necesidades de quienes (SIC) “sean demasiado pobres para acceder
a cuidados médicos especializados”. (vi)
El sector salud se está transformando en una economía de plata-
formas. El paciente ya no es sólo el objeto del sistema. Es el
producto para comercializar y el modelo de negocio, y la
monetización del dato el resultado más relevante (incluso que el
producto convencional). (vii)
Por lo que más que nunca, si el concepto de equidad no se
incorpora desde el comienzo en las políticas y el diseño de las
plataformas, la transformación digital conducirá inevitablemente
a exacerbar las desigualdades existentes, porque las poblaciones
subasistidas, como las que integran el vergonzoso 35% de pobreza
estructural de nuestro país, carecen de acceso efectivo al
sistema de salud, pero también a dispositivos, banda ancha o
alfabetización digital, quedando por lo tanto excluidas del
modelo conectado y proactivo que el progreso tecnológico
impulsa.
La antigua contradicción entre avance tecnológico y progreso
social reconoce una conocida respuesta: la tecnología es una
condición necesaria pero no suficiente. El verdadero motor es la
capacidad de las sociedades para gobernar ese avance,
orientándolo a la equidad, la sostenibilidad y el desarrollo
humano. Y este es sobre todo un problema moral que no lo
resuelve I.A alguna. La respuesta ocupa el campo de la ética y
los valores. Y por lo menos hasta aquí, esto es patrimonio
excluyente de la Inteligencia Humana.
Para garantizar que la salud siga siendo concebida como un
derecho universal y que la persona humana sea su objeto y fin
último, las políticas públicas deben centrarse en lo que se
denomina Equidad desde el Diseño (Equity Built In): si ésta no
se construye desde el inicio en las plataformas, precios y
políticas, el sistema reforzará las divisiones sociales
condenando a los desfavorecidos a la postergación definitiva.
Ello implica asociar la idea de tecnología, a la de inserción
proactiva.
Por lo tanto, debe enfatizarse la priorización inclusiva del
gasto, asegurando que las inversiones en tecnología apunten a
garantizar el máximo de salud, para la mayor cantidad de
personas y simultáneamente la sustentabilidad del sistema.
La tecnología ofrece las herramientas para un futuro más
saludable y sostenible. Solo adoptando un enfoque impulsado por
valores, asegurando que los andariveles por los que discurren
sean éticos y que el acceso a la IA se utilice para cerrar y no
para ampliar la brecha de la pobreza, podremos seguir
sosteniendo la utopía aún posible de que la salud sea un derecho
para todos, y no una mercancía para el disfrute exclusivo de las
clases más favorecidas.
Referencias:
i From breaking point to breakthrough: the $1 trillion
opportunity to reinvent healthcare|PwC 2025.
ii Deloitte Center for Health Solutions. Enero 2025.
iii Kozlow Max. The controversial embryo test that promise a
better baby nature Sept 21, 2022.
iv Yee L, Chui M et al. Technology Trends Outlook 2025. McKinsey
& Company. July 2025.
v Deaton, A. (2015). El gran escape: Salud, riqueza y los
orígenes de la desigualdad (I. Perrotini, trad.). México: Fondo
de Cultura Económica.
vi OpenAI CEO Says AI Will Give Medical Advice to People Too
Poor to Afford Doctors. Futurism: disponible en
https://futurism.com/the-byte/openai-ceo-ai-medical-advice
vii Gleiss, A., Kohlhagen, M., & Pousttchi, K. (2021). An apple
a day – how the platform economy impacts value creation in the
healthcare market. Electronic Markets, 31(4), 849-876.
DOI:10.1007/s12525-021-00467-2.
1) Toda asociación con la idea distorsionada del Übermensch
Nietzschiano, o el concepto de “raza superior” queda a cargo del
lector.
2) Réplica o modelo virtual exacto de un objeto físico, proceso
o sistema que existe en el mundo real
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